Es 11 de septiembre, y Lide lleva unos días muy rarita. Se ha levantado con el bracito derecho que no puede moverlo, y en cuanto le tocamos la zona del hombro o intentamos que lo levante se pone a llorar desconsolada. Así que decidimos llevarla a urgencias de pediatría, y aquí empieza todo: primer pinchazo, primera casqueta y ... primer ingreso.
Las analíticas están alteradas. Los parámetros de infección están más elevados de lo normal, y la velocidad de la sangre (
“valor inespecífico”, cuantas veces habremos escuchado esta frase), está muy elevada. Si hubiésemos sabido lo que meses después nos depararía la suerte quizás no nos hubiésemos tomado tan mal el ingreso, pero el impacto de tener que quedarnos con nuestra peque de 10 meses ingresada al menos durante 2 semanas ha sido grande.
El diagnostico:
OSTEOMILITIS, una infección en el hueso que hay que tratar con antibiótico por vena, durante mínimo dos semanas, y ver como evoluciona. Al finalizar la primera semana se le repiten los análisis y
subidoooooón los parámetros de infección casi están bien, y la velocidad ha bajado bastante. Pero queda otra semana de antibiótico y otra analítica: los parámetros de infección perfectos, pero nuestra amiga la
VELOCIDAD ha subido. ¿¿¿¿?????
Nos mandan para casa, porque la velocidad es “inespecífica”, y se puede alterar por cualquier cosa. Entre medio le han sacado placas, y le han hecho una resonancia, en la que dicen que se ve una pequeña manchita compatible con una Osteomilitis. Además de un montón de pinchazos para poner las vías ya que el antibiotico es muy fuerte y le rompe las venitas. Menos mal que de vez en cuando y sin que nadie nos vea nos hemos dado algún caprichito, ji, ji, ...
Primer asalto “superado”. Nos vamos a casa, o mejor dicho me voy a casa sin estar demasiado convencida del diagnóstico.
0 comentarios:
Publicar un comentario